jueves, 15 de febrero de 2018

QUEMA

Cuando tuvo la melancolía embriagada, 
le concurrió una soledad tan sobria… tan sola... tan tonta,
que dejó venir los pájaros que anuncian el olvido, 
y dejó salir los gestos que repujan bienvenidas, 
y se empujó al deseo de un lunes que no cantaba 
y demandó a los sueños que le habían roto en el ascensor  

Cuando contrastó las sinuosas palabras del libro,
se dejó caer en el acorde de su viento,
se llenó el alma de invisibles abrazos
y buscó el fantasma para donarse a destiempo.  

Encendió la cerilla, 
en ese impulso inexplicable de querer quemarlo todo 
encendió su tristeza y sus lágrimas se hicieron nudos 
mientras atoraba las palabras en las cenizas del último aquelarre.  

Dejó las ganas trabando la puerta, 
mientras las llamas devoraban su canción de cuna 
mientras se perforaban sus difuntos y fantasmas. 

Encendió la cerilla en una tarde de verano 
quiso romper en fuego el llanto 
quemando lo soportable  
haciendo trizas el deseo que no espera. 

Cuando había consumido todo,
se apuntó al viaje siguiente 
dejando en cenizas el nombre que había sido…  
-No hubo despedida-




Prepararás la palabra,  
marcarás la última revolución, 
liberarás el inocente fuego,  
murmurarás en el oído la hecatombe de la risa. 
Acotarás el punto final en el espacio en blanco, 
contarás en intervalos la insondable levedad... 
Escucharás al alma pedirte que no la agobies, 
urdirás como barrilete en las orillas de los vientos perdidos. 
Llenarás de mutismos los elogios 
y declararás la próxima bienvenida en la ceremonia de los pájaros rotos... 

Cierra las ventanas y quédate, el tiempo traerá los sueños en la próxima marea... 




Tomar el sol,
a sorbos,
a lagrimones,
con el corazón dormido...
con las manos que arruman tiempos entre las cenizas,
con los tobillos que acoplan letras que siempre suelen irse...
Tomar la luna,
a cuentagotas,
a estallidos serpenteantes
con la sonrisa enterrada en la arena...
con el silencio que muerde las entrañas...
con el dolor de un aullido lejano...

A mitad de la noche no entiendo,
porqué me sigo rompiendo tanto
porqué el corazón ya no sufre de insomnios,
porqué las manos y los tobillos se abrazan y se duelen,
porqué todo es tan volátil,
todo tan silencio,
todo tan ausente...

A mitad de esta hora me habla la certeza:
mañana saldrá el sol y perpetrará otra luna...
Espero estar de pie para el suceso.




FALLO


Esperé en la orilla de la lluvia: donde nacen los abecedarios.
Intenté consonándote en tercera persona
y te puse el acento en el antepenúltimo beso...
y fue tan simple
que borré el punto y te dejé en coma,
mientras te separaba con un guión y una minúscula admiración...
Me pediste los suspensivos
porque tu risa no alcanzaba
a completar el hiato del soborno...
Escogiste la vocal cerrada, equivocada
cuando mi puerta seguía abierta, dispuesta...
Empecé a hacer una nueva oración
para no volver a hacer métrica en tu espalda
Y me arrepentí del verso en tu silencio,
de la rima en tus pestañas,
y del espacio,
del punto seguido,
de la metáfora, de la figura,
de la onomatopeya,
de la tilde en nuestra foto juntos...
Al final, en la orilla de la lluvia,
me quedé como el anónimo
que quiso hacerte literatura....


Deshacerse en pedacitos,
ponerlos en un plato
en forma de migas,
esconderse tras la ventana
a esperar que los pájaros vengan
y se alimenten...
Saber que a veces sabemos a pan dulce,
a galletitas viejas,
a partes diminutas de sueños,
de miedos,
de eso que somos,
de lo que no dijimos...

Darnos cuenta que justo en un día hermoso

cerramos los ojos
y caímos por casualidad
en un platito triste
que será vaciado entre aleteos inocentes
que concurren entre nosotros
mientras el silencio
permanece inmóvil
con los ojos bien abiertos,
tras la ventana...



El trapecio se libera
en la búsqueda de la estrella inflamable
que indica el rastro por donde no se camina
para no tener miedo a develar el abismo...
La música pervierte el asunto
sin lograr oxigenar el alma
debe ser mejor gritar en el hielo
antes de la siguiente coalición...
El trapecio se conmueve
en el resto de lo que no queda
en el vaso que se vació de tiempo
en el pozo que pestañea culpa...
Somos el formato pendiente
de la flor que nace en el hastío
y se marchita en la silenciosa desidia
que sólo aprendió a carcomer las venas
y a masticar a ojo cerrado
para lograr atragantarnos
sin saborear la gloria.

Monocromío

Éste corazón que es mío,
mío,
corazón,
mío al fin y al cabo...

Éste corazón que sirve más
para consagrar un mosaico,
que para completar un poema...
Éste corazón que ruge lágrimas
que escupe humo y murmullos azules,
que apuesta soles en la garúa nocturna...
Éste corazón que es mío,
mío,
          cardo,                corazón mío,
espinoso,          sombrío,             errabundo,
insiste en poematizar tus ojos
para problematizar tu nombre...
y latir
y romperse
y derruírse
y descontrolarse
volverse pieza de mosaico de colores
en el ínfimo jardín
de tu monocromática concurrencia...